Alimentación y Nutrición


La alimentación consiste en la obtención y selección de una serie de productos que conocemos como alimentos elegidos por su valor nutricional y por otras cuestiones culturales, socioeconómicas, psicológicas, etc…; puede describirse como un proceso voluntario, una opción, es decir, un hábito, en la que distintos factores pueden incidir.


Si bien el acto de ingerir alimentos obedece en principio a la necesidad de saciar el apetito, el organismo humano necesita unas sustancias nutritivas específicas, por lo que la finalidad de la alimentación no debe ser solo dejar de tener hambre, sino que la ingesta sea lo más beneficiosa para nuestro metabolismo.
La nutrición es un proceso involuntario, fisiológico, que consiste en el conjunto de procesos mediante los cuales las personas utiliza, transforma e incorpora en sus propias estructuras una serie de sustancias que consigue mediante la alimentación, con el objetivo de obtener energía, construir y reparar las estructuras orgánicas y regular los procesos metabólicos.
En principio, alimentación y nutrición, aun siendo procesos distintos, los organismos tienen recursos innatos o aprendidos para que no haya mucha descompensación entre las necesidades metabólicas y la necesidad de apagar el hambre. Aun así, y más específicamente en el ser humano, se hace necesario racionalizar el hábito alimentario para que sea nutritivamente eficiente y no dañina.
La estrecha relación entre salud y alimentación es evidente en la actualidad y la promoción de  hábitos alimentarios sanos se valora como un medio en la promoción de la salud para dar calidad a la vida. Si bien el creciente desarrollo de las ciencias de la alimentación y la nutrición ha permitido que su aplicación sea más rigurosa y eficiente generando la dietética, desde el sentido común pueden tomarse medidas en el día a día para que nuestra alimentación sea nutricionalmente equilibrada a la vez que agradable y satisfactoria.
No es este el lugar para una detallada pormenorización dietética, pero sí donde compartir ciertas recomendaciones. Quisiera empezar tan sólo por dos de ellas:
La primera recomendación es observar cuál es tu gasto energético y aliméntate en consonancia al mismo. No siempre a lo largo de nuestra vida vamos a tener el mismo gasto energético, tanto por la diferencia de edad como por nuestra actividad, y en una misma unidad familiar conviven distintas personas con distintas necesidades energéticas; así que intenta equilibrar la nevera en consonancia a esta diversidad de individuos, a la etapa de tu vida y las circunstancias especiales en que te encuentres.
La segunda recomendación es que recuerdes que, aunque la alimentación está estrechamente ligada a tu salud, las tiendas de alimentación no son centros sanitarios, sino empresas donde su objetivo no tiene que ser necesariamente tu bienestar. Procura entonces no caer en el denominado embudo alimentario, que consiste en la tendencia a basar nuestra dieta en solo unos pocos alimentos. Procura abrir tu alimentación a una rica lista de alimentos y no tan solo en los cuatro productos generales de la lista de la compra tan cómodos y promocionalmente ofertados por mercados y tiendas de alimentación.
En definitiva, cuanto más variada sea tu alimentación y más ajustada a tus necesidades nutricionales personales, más fácil será que tengas una alimentación saludable.

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