Dolor de espalda, protusión y hernia
Una protrusión discal consiste en
el abombamiento de la envuelta fibrosa que rodea el disco intervertebral,
mientras que una hernia discal consiste en la salida de parte del núcleo
pulposo a través de una fisura en la envoltura fibrosa del disco.
La diferencia entre hernia y protrusión es que se haya producido salida del
contenido (hernia) o sólo deformación de la envuelta, sin salida de contenido
(protrusión).
El proceso normal de desgaste del
disco vertebral hace que algunas de las fibras que constituyen la envoltura
fibrosa vayan perdiendo resistencia y elasticidad y lleguen a retraerse o
partirse espontáneamente. Cuando eso sucede, parte del núcleo pulposo puede extravasarse
fuera. En algunos casos, la presión en el interior del disco puede exceder la
capacidad de resistencia de las fibras de la envoltura fibrosa, de manera que
las parte y una porción del disco protruye o se hernia. Como el núcleo pulposo
del disco es de consistencia gelatinosa, cuando la columna se inclina hacia
delante el disco tiende a desplazarse hacia atrás, y viceversa. La parte
trasera de la envuelta fibrosa es menos resistente que la delantera, por lo que
es más frecuente que las protrusiones y hernias aparezcan en la parte trasera
del disco. Así, la situación más típica en la que se produce una hernia discal,
es cuando el paciente se inclina hacia delante con las piernas estiradas, carga
peso en sus brazos y se levanta, aumentando la presión en la porción más
posterior del disco, hasta que excede de la capacidad de resistencia de la
envuelta fibrosa y se produce la hernia discal.
En condiciones normales, diversos
mecanismos musculares reducen la presión que soporta el disco, pues al
contraerse de manera coordinada los distintos grupos musculares reparten y
estabilizan la carga. Y aunque la debilidad muscular, el sedentarismo, la
sobrecarga y malos hábitos en algunos trabajos, etc., se creen causantes de las
hernias, el aumento de la probabilidad de padecer una hernia discal que se
asocia a cada uno de esos factores es, en general, pequeño y el hecho de que
aparezca una hernia discal no significa necesariamente que cause dolor u otras
molestias. De hecho, los estudios muestran que, en la región lumbar, el 30% de
las personas sanas muestran hernias discales cuando se les hacen resonancias
magnéticas, y el 70% protrusiones; y en la columna cervical, el 87,6% presentan
abombamientos discales; ya a los 20 años, los presentan el 73,3% de los
hombres y el 78% de las mujeres. La frecuencia de ese hallazgo, así como el
tamaño y número de las protrusiones halladas, aumenta con la edad.
Una hernia sólo causa problemas
cuando irrita o comprime una raíz nerviosa. Sólo se puede asumir que la hernia
discal es la causa del dolor en aquellos pacientes en los que existen síntomas
y signos que demuestran que la raíz nerviosa está siendo irritada o comprimida,
tales como dolor irradiado a lo largo del trayecto de esa raíz nerviosa,
pérdida de fuerza de los músculos que inerva o pérdida de sensibilidad de los
territorios que dependen de ella. Si el paciente no muestra esos síntomas y
signos, hay que concluir que en su caso concreto la hernia discal es
irrelevante.
Como
las protrusiones o hernias discales son muy frecuentes, y más del 80% de la
población presenta dolor de espalda en algún momento de su vida, es muy
frecuente que las personas con dolor de espalda tengan, además, una protrusión
o hernia discal. Pero eso no significa que su dolor se deba a la hernia. De
hecho, en los casos en los que no hay dolor irradiado ni otros signos de
compresión de la raíz nerviosa, la presencia de la protrusión o la hernia es
puramente casual y no causal, y ni tiene ninguna importancia ni influye en el
pronóstico del dolor. En esos casos, las recomendaciones basadas establecen que es un
error plantearse operar la protrusión o hernia, pues significaría exponer al
paciente a los riesgos inherentes a toda cirugía para eliminar un hallazgo
casual que no causa ningún problema.
La tendencia espontánea de una
hernia discal es ir desinflamándose y deshidratándose, de manera que el volumen
del material herniado va disminuyendo hasta dejar de comprimir la raíz
nerviosa. Hay estudios que han demostrado que esa reducción puede
llegar a ser tan intensa que la protrusión o hernia deja de observarse en
posteriores resonancias magnéticas. Sin embargo, lo más frecuente es que la
pérdida de volumen sea parcial y, aunque sea suficiente para dejar de comprimir
la raíz nerviosa, siga apreciándose la deformación del disco en una resonancia
magnética. De hecho, puede bastar que desaparezca la inflamación (y la
consiguiente liberación de sustancias con capacidad para irritar la raíz
nerviosa) para que la hernia o protrusión deje de causar problemas, aunque la
imagen en una resonancia magnética no varíe. Y es lo que ocurre en la mayoría
de los casos durante las primeras 6 semanas. De hecho, aproximadamente el 95%
de los casos en los que la protrusión o hernia causan problemas se pueden
resolver sin que sea necesario operar al paciente.


Comentarios
Publicar un comentario